Podría comenzar escribiendo por cualquiera de los múltiples miedos que tengo, pues soy una chica bastante 'miedica', temo a ir sola por la calle, a la oscuridad, al dolor y a otras infinitas cosas, pero lo que más me aterra en esta vida es muy sencillo, el futuro.
Lo que me produce esa sensación odiosa en el estómago no es el futuro que tendré ni nada por el estilo, sino el paso del tiempo. Es pánico a que llegue un día en el que mi cara esté arrugada, la piel caída y una mirada perdida.... me aterra el hecho de crecer, pues ya he dado el primer paso, y es que aquí realizo mis estudios lo cual significa que ya no vivo en casa. A cualquiera le parecerá algo magnífico y gritará “¡por fin se acabaron las malas caras de los padres!”, pero no, no pienso así, me alegro cuando mi padre me refunfuña porque en el fondo significa que quiere lo más seguro para mí, pues todavía sigo siendo esa pequeña niña que apareció en su vida hace dieciocho años.
A día de hoy me encuentro en mi habitación, en mi nuevo hogar, a punto de bajar a cenar, pero no tendré el placer de comer la tortilla de mi madre o la merluza de mi padre, sino lo que tengan preparado para mí y para otras 80 chicas más. Cualquiera pensará que vuelvo los fines de semana a casa, y sí, efectivamente lo hago, pero ya nunca será igual. Si soy afortunada y encuentro un trabajo al salir de esta universidad, puede que eso signifique que no volveré a mi hogar, la pequeña casa de ciudad en la que me crié junto a mis padres y mi hermana, en la que hemos compartido buenos y malos momentos.
No, esto jamás será así de nuevo. Puede que de aquí a cuatro años cuando salga de la universidad y me encuentre en mi nueva casa, con mi nueva habitación, me estaré planteando de nuevo lo mismo... ¿dónde se quedó la niña de antes? Poco a poco crezco, lo noto, tanto física como mentalmente, y es que hay ocasiones en las que tan sólo desearía ser pequeña, una linda niña inocente que tan solo piensa en jugar.
Tengo miedo a lo que me pueda esperar en un tiempo, a que el tiempo pase demasiado rápido, que pierda el resto de mi vida haciendo cosas poco útiles y que llegue el día en el que me arrepienta de haberlo perdido tanto, porque mi madre siempre lo ha dicho: “El tiempo vale oro”. Y qué razón tenía, efectivamente, vale todo eso y más, y debemos aprovecharlo, pero nunca sabrás lo que se aproxima en esta vida, es ese futuro tenebroso, que no sabemos por dónde aparecerá ni qué sorpresas traerá.
Debo de afrontarlo, y dejar que el tiempo pase, porque de forma relajada pasa, sigue su curso, no te hace caso…simplemente pasa cerca tuyo....el tiempo pasó, no lo notaste y él a ti tampoco, pero pasó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario